Por Felipe López Caballero (*)

Primera Página – Agencia de Noticias –

Bogotá. – ¿Cómo se entiende que suba la popularidad de Petro en medio de la sensación de que el país se está descuadernando?

La explicación es la narrativa que Petro y sus redes sociales han creado. Según ésta 1) Los problemas del pueblo no se han solucionado porque Colombia ha estado gobernada durante 200 años por unas élites corruptas interesadas únicamente en enriquecerse y perpetuarse en el poder.

2) Con Petro llegaría el primer presidente de izquierda cuya única preocupación son los pobres y la justicia social.

3) Los dueños de Colombia no estarían dispuestos a ceder sus privilegios ante un exguerrillero que busca el cambio.

Esa narrativa es simplista, efectista y dañina. Es una interpretación maniqueista de la historia cuando en la realidad nada es blanco o negro. Para comenzar el problema no es que Petro sea un exguerrillero. Si el presidente fuera Antonio Navarro seguramente la economía estaría funcionando mejor y la polarización no estaría tan disparada. La mitad del estancamiento del PIB obedece a factores internacionales pero la otra mitad tiene nombre propio. El problema es que Petro, un agitador político brillante, ha resultado un administrador incompetente con una personalidad paranoica y confrontacional y unos hábitos de trabajo extraños.

Como es un hombre muy inteligente su éxito se basó en haber hecho un diagnóstico acertado de las fallas del sistema. Sin embargo, sus soluciones siempre han estado enmarcadas en una óptica de lucha de clases poco realista y obsoleta. Petro tiene frente al sector privado una prevención cuasi marxista. Él cree que el capitalismo está fracasando. Tiene razón. Lo que no aclara es que el socialismo ya fracasó.

Para él la oposición entre la oligarquía, y el pueblo es la razón por la cual el cambio está bloqueado. Ese es un planteamiento taquillero que siempre creerá la tercera parte de los colombianos. Pero no es verdad. Todos los presidentes creen que gobiernan para los pobres. No necesariamente porque los quieran, sino porque todas las personalidades que buscan el poder tienen algo de megalomanía y su prioridad es ante todo su puesto en la historia. Y ese veredicto lo da solamente el pueblo.

Y tampoco es verdad que Petro es el primer presidente de izquierda en la historia de Colombia. Más transformador que este gobierno pueden terminar siendo los de Alfonso López Púmarejo, los dos Lleras, José Hilario López, Murillo Toro y José María Melo.

Y tampoco es válida la teoría de que solo la izquierda gobierna para los pobres. Sin ir más lejos, según todas las encuestas, el presidente a quién más han querido los “nadies” en el último medio siglo ha sido Álvaro Uribe. Igualmente, el ministro que más ha hecho por los “nadies” en vivienda, acueducto, alcantarillado, infraestructura vial, etc, en ese mismo lapso ha sido Germán Vargas. Y los dos son los símbolos de la derecha en la actualidad.

Por lo tanto, la razón por la cual las reformas de Petro no están siendo aprobadas no es porque los críticos sean de derecha, ni porque estén financiados por los dueños de Colombia, ni porque los parlamentarios que votaron en contra estén chantajeando por cuotas burocráticas. La verdadera razón es porque después del entusiasmo inicial por el concepto abstracto del “cambio”, en el desarrollo del debate han salido a flote riesgos enormes en la mayoría de las propuestas del gobierno.

Los defensores de intereses particulares si se oponen a las reformas que los afectan. Pero no son éstos los que han volteado a la opinión pública. Han sido más bien las opiniones de los tecnócratas las que han alertado sobre sus posibles consecuencias. Las críticas que se le han hecho a la reforma a la salud, a la laboral, a la de pensiones y a otras más, son contundentes.

En este momento en Colombia no hay un debate entre la izquierda y la derecha sino entre los soñadores y los realistas. Prácticamente todos los economistas serios están de acuerdo en que la posición radical del gobierno de no otorgar nuevas licencias de exploración compromete no sólo el futuro energético del país sino su estabilidad económica. Igualmente, los expertos en materia de orden público, consideran que la paz total con su exceso de generosidad con toda clase de delincuentes puede acabar empeorando la situación de seguridad actual.

Lo anterior no significa que los tecnócratas siempre tengan la razón. Petro ha estudiado los problemas del país y no puede estar equivocado en todo. Sin embargo, la mayoría de sus críticos tiene credibilidad por la experiencia que han acumulado manejando los problemas del país. Cuando personas como Mauricio Cárdenas, Alejandro Gaviria, Juan Carlos Echeverry, Juan Camilo Restrepo, Salomón Kalmanovitz, Mauricio Cabrera, Cecilia López y otros opinan no lo hacen porque estén al servicio de los grandes intereses privados, sino porque están preocupados por el futuro de los “nadies” y del país. Eso es lo que nunca ha podido entender Gustavo Petro.

(*) Ex dueño y ex presidente de Publicaciones Semana e hijo del ex presidente de la República, Alfonso López Michelsen.