Por Camilo E. Ramírez Baquero (*)

Primera Página - Agencia de Noticias - 

Bogotá. - En política cuando no hay otra salida, victimízate. 

No hay mejor estrategia para manipular mayorías que darle resonancia a ciertas de sus frustraciones e identificarse con su “atropellado” destino, para enfrentarlas con quienes convenga ser tenidos como sus victimarios, sean éstos los egoístas oligarcas de la ultraderecha, o los inconscientes progresistas radicales de la izquierda. 

No es una estrategia exclusiva de ningún extremo y por ello tenemos a socialistas como Pedro Sánchez en España distrayendo los escándalos del tráfico de influencias de su esposa con su supuesta renuncia, o a Donald Trump rehuyendo las investigaciones por fraude con su permanente alegación de supuesta persecución de los medios de comunicación y de los jueces “Woke”.

Nuestro presidente no podía ser ajeno al libreto y en la medida que carece de gobernabilidad por su incapacidad de lograr consensos con los representantes de la sociedad, y no tener disponibilidad de agenda para hacer presencia en los cónclaves de su Gobierno, se proclama la víctima de un golpe de estado silencioso, un golpe blando. Y si pretendiera estar por encima de la institucionalidad y del ordenamiento jurídico, podría asumir que los demás poderes públicos se arrodillarán de miedo a las calles, a las que convoca a sus fieles seguidores para crear la sensación de controlar a los típicos actores del desorden, como son percibidos los sindicatos y la tristemente famosa primera línea.

En esa línea, el paso siguiente no sería una constituyente, la que no puede convocar unilateralmente, sino inventarse un golpe duro, de cualquier origen, para que en reivindicación y para restablecer la institucionalidad, se la aprueben finalmente. 

Hay que repetirlo: la victimización puede ser exitosa sólo si esa mayoría victimizada que se identifica con el manipulador, ve sus temores realizados. 

Por ello, si hay un consenso entre la gente racional, es que el presidente debe terminar su período y que el país debe evitar y desaprobar cualquier cosa que justifique su teoría de un golpe de Estado, sea la búsqueda de un juicio político o pérdida de la investidura.

Mientras no sea así, en democracia el tema será a punta de votos y los del Gobierno quedaron contados en las elecciones regionales y los congresistas tienen claro que solo van a aprobar lo que les genere dividendos políticos y les permita financiar sus próximas campañas electorales. Es un error de cálculo político asumir que el Congreso le funcionará echándole encima a sus fanáticos, cuando el verdadero favor de poder está en las regiones y los sindicatos no representan siquiera dos dígitos de los trabajadores formales. 

La realidad es que nuestro presidente no es una víctima, pero si es muy bueno para andar de marcha (como lo llaman en España, claro…)


(*) Abogado tributarista y estratega empresarial.