Por Diego Rodríguez (*)

Primera Página – Agencia de Noticias –

Bogotá.- En 1971, debido principalmente a las presiones inflacionarias y especulativas sobre el valor del dólar, el presidente Richard Nixon dio por terminada la paridad fija del precio de la principal moneda del mundo al oro, la cual se había pactado en US$35/onza.

La medida llevó a la cotización del metal a multiplicarse por más de diez veces en la década de los setenta, superando ampliamente la rentabilidad ofrecida por el S&P, la cual llegó al ochenta por ciento en ese periodo. ¡Una nueva era del oro como activo de inversión había iniciado y de qué manera!

La fiebre del oro se calmó en las siguientes dos décadas, período durante el cual su cotización bajó cerca del veinte por ciento en cada uno de los diez años. Las meteóricas valorizaciones de la bolsa americana durante esos años ayudaron a desinflar el apetito por el metal dorado ¿Quién quería mantener un bien que perdía valor y no generaba ningún rendimiento periódico?

Para el inicio de la década del dos mil, el estallido de la burbuja tecnológica trajo otra fiebre por el oro, la cual se incrementó con la crisis financiera del 2008 y la aparición de la política monetaria ultra laxa en los Estados Unidos. Las tasas de interés en el uno por ciento y una bolsa con pérdidas importantes impulsaron su precio en cerca de tres veces su valor en los diez primeros años del presente siglo (2000-2010).

El apetito por el dólar a nivel mundial y las altas valorizaciones de la bolsa americana volvieron a enfriar la euforia por el oro en la segunda década de los dos mil (2010-2020). Sin embargo, la pandemia, los conflictos geopolíticos, el alto endeudamiento americano, la utilización de la moneda americana como arma de guerra y la expectativa de un nuevo ciclo bajista en tasas han traído desde hace más de un año un nuevo auge en el precio del metal dorado que parece tener alas para seguir subiendo.

En septiembre del 2022, el valor del oro alcanzó un mínimo de $1.622 dólares la onza troy. La semana pasada, la cotización logró un máximo histórico de $2.256 usd/onz. Un movimiento que equivale a una valorización cercana al cuarenta por ciento, llevando a lo que va corrido de esta segunda década del dos mil (2020-2024) a ser la tercera de mayor rendimiento de las últimas seis para este metal precioso.

Los bancos centrales del mundo han venido acumulando oro, a una tasa promedio de doble dígito, en sus reservas internacionales, llevando, según datos del FMI para corte del año pasado, al metal dorado a una participación del catorce por ciento (14%) en las reservas internacionales del mundo.

Esta cifra es muy importante, teniendo en cuenta que uno de los mayores compradores dentro de los bancos ha sido el central chino, el cual para cierre del año anterior llegaba a una participación del oro en su portafolio de reservas del cuatro por ciento (4%). Es decir, para quedar a tono con la media del gremio aún le falta bastante por comprar, y ni hablar si se compara con Estados Unidos o Alemania, que tienen dos tercios de sus reservas en el metal.

El oro hace máximos, los bancos centrales están comprando, los chinos apenas están arrancando su diversificación en el portafolio de reservas y las tasas de interés en Estados Unidos no han empezado a bajar. Todas las señales invitan a comprar esta nueva fiebre dorada qué traerá muy posiblemente precios más altos, favoreciendo a la región y a Colombia.

(*) Inversionista privado, gestor de activos y ex corredor de bolsa.

Nota: Columna dedicada a expresar la opinión del autor sobre temas financieros, económicos y de negocios, con énfasis en análisis Global Macro para mercados públicos, privados y de gestión patrimonial. Las opiniones expresadas no son, no pretenden, ni deben ser tomadas como recomendaciones de inversión.