Por Néstor Humberto Martínez (*)
Primera Página – Agencia de Noticias –
Bogotá.- Estaba escrito en mármol de Carrara que nuestro país no se metería en una Constituyente. Solo fue una treta en período electoral, para tranquilizar a los sectores que han temido que el Pacto Histórico utilice este mecanismo para afianzarse indefinidamente en el poder. Igual, ya estamos metidos en este oscuro túnel, que pone un factor de incertidumbre a nuestro funcionamiento institucional y a la recuperación de la economía, sin saber aún lo que realmente se pretende.
En cualquier caso, no hay duda de que la constituyente estará sujeta a muchas vicisitudes complejas, que le auguran un pronóstico reservado. La primera “estación” de este viacrucis correrá a cargo del Gobierno, que deberá decidir el contenido y el alcance del proyecto de ley para convocar la asamblea constituyente. Habrá que ver cuándo lo presenta y si es capaz de incorporar todos los reclamos de los cabildos abiertos y mingas que ha convocado, o si será un nuevo motivo de frustración de los sectores populares.
El siguiente “paso” será el trámite en el Congreso del proyecto de ley para convocar o no la constituyente y, en caso afirmativo, decidir cómo se compondrá, su período y cuál será su competencia. Será un trámite feroz, en el seno de un Congreso en el que el Gobierno es minoría. Así se quiera sostener lo contrario, la llave de entrada a la constituyente solo la tiene el Congreso, el poder constituido. Por esta misma razón, no se le puede augurar ningún futuro a la iniciativa, si el Gobierno persevera en la tesis de que después del 91, aquel se dedicó a construir un régimen mafioso, en vez de servir al Estado social de derecho, y que la justicia está llena de pecados, está politizada y no es imparcial.
La definición del temario de la constituyente, dará lugar a álgidas controversias en el foro parlamentario. No veo a los congresistas quitándose de las manos la posibilidad de definir la suerte de los proyectos sociales, ni mucho menos entregándole carta blanca para que defina la reforma agraria, el reordenamiento territorial y tantos otros temas del popurrí que se ha anunciado.
Es previsible que estratégicamente no se incluya la reelección en el texto de la ley de convocatoria, con la esperanza oficialista de que la constituyente se proclame omnímoda y reviva la reelección presidencial, lo cual es hoy imposible. En célebre sentencia de la Corte Constitucional (C-150/15), con ponencia de Mauricio González, es inexequible cualquier decisión de una asamblea constituyente que exceda “los límites temáticos dispuestos por el pueblo en la consulta”.
La “quinta estación” de este viacrucis correrá por cuenta de nuestro Simón de Cirene. Germán Vargas ha dicho que quiere cargar la cruz de la constituyente, pero Petro rechaza el apoyo samaritano. Sabe que el jefe de Cambio Radical busca hábilmente hacer de la constituyente un plebiscito contra el Gobierno, para derrotarlo. Otra alternativa sería introducir en el temario constituyente la revocatoria de cualquier mandato presidencial, posibilidad que hoy no existe.
En el remoto caso de que se expida la Ley, el pueblo deberá decidir, mediante sufragio, si convoca la Asamblea, para lo cual se requeriría el voto favorable de 13,5 millones de ciudadanos, la tercera parte del censo electoral. Se trata de un objetivo prácticamente inalcanzable, a menos que se empleen a fondo los subsidios de la Prosperidad Social. De obtenerse, la siguiente “estación” es un acto electoral separado: la selección de los miembros de la Asamblea, mediante voto directo. No es viable que esta sea conformada exclusivamente por lo que el gobierno llama el poder popular, excluyendo los liderazgos de la política, si se advierte que la integración de una constituyente es ante todo un acto electoral universal.
Por la impopularidad del Gobierno, la etérea razón de su convocatoria, el complejo trámite que deberá superar, el tiempo que se toma y el terror que produce la reelección, es previsible que en unos meses la constituyente solo sea un cadáver ambulante en estado de putrefacción, que busca su entierro definitivo, su segura próxima “estación”.
Taponazo. De mordisco en mordisco se agotó la Paz Total.
(*) Ex fiscal general de la Nación.




